Una bici eléctrica de ciudad no se elige por la potencia. Todas las que se venden legalmente en España tienen exactamente los mismos 250 W y se cortan a 25 km/h: eso lo fija la normativa europea, no el fabricante. Lo que de verdad cambia tu día a día son otras cinco cosas, y ninguna de ellas aparece en grande en el anuncio.
Esta guía explica cuáles son y luego aplica ese criterio a las bicis urbanas que hemos analizado.
1. Dónde va el motor importa más que los vatios
Hay dos sitios donde puede ir el motor. En el buje de la rueda (normalmente la trasera) o en el pedalier, entre los pedales, lo que se llama motor central.
El de buje es más barato y en llano se comporta perfectamente: empuja de forma constante y silenciosa. El central es más caro, pero lleva sensor de par —mide la fuerza que haces al pedalear— y aprovecha las marchas de la bici, así que en cuestas es otra historia. Si tu ciudad es plana, el de buje te sobra. Si vives en cuesta, el central se nota desde el primer día.
El número que resume ese empuje no son los vatios, es el par motor en Nm. Por debajo de 40 Nm vas justo en rampas; de 65 Nm para arriba la bici sube sola. Ojo: no todos los fabricantes lo publican, y si no lo publican suele ser por algo.
2. La autonomía que anuncian no es la que vas a tener
Los kilómetros que pone el fabricante están medidos en el nivel de asistencia más bajo, en llano, con poco peso y sin viento. En uso real, cuenta con entre un 40 % y un 60 % de esa cifra si vas en asistencia media.
El dato honesto para comparar es la capacidad de la batería en vatios-hora (Wh), que sí es una medida física. Como referencia rápida: una batería de 500 Wh mueve una bici urbana entre 40 y 70 km reales según terreno y peso. Por debajo de 400 Wh, para trayectos cortos. Por encima de 600 Wh, ya hablamos de salidas largas.
3. Si la batería no se saca, mira dónde vives
Este es el detalle que más gente descubre tarde. Una batería extraíble la sacas con una llave, te la subes a casa y la cargas en cualquier enchufe. Una batería integrada en el cuadro es más bonita, va mejor protegida y baja el centro de gravedad, pero para cargarla tienes que llevar la bici entera hasta el enchufe.
Si aparcas en un garaje con corriente, da igual. Si vives en un tercero sin ascensor, una bici de 28 kg con batería integrada es un problema todos los días.
4. El peso solo importa cuando no pedaleas
Una eléctrica urbana pesa entre 22 y 30 kg. Rodando no lo notas, porque para eso está el motor. Lo notas al subirla a un bordillo, al meterla en un ascensor, al colgarla en un soporte o el día que te quedas sin batería a mitad de camino.
Cinco kilos de diferencia entre dos modelos no cambian nada en marcha, pero sí cambian si tienes que cargarla por unas escaleras.
5. Frenos, marchas y lo que viene puesto
Tres cosas concretas que separan una bici bien resuelta de una bici barata:
- Frenos de disco hidráulicos, no mecánicos. Frenan mucho mejor con lluvia y casi no hay que mantenerlos. En una bici de 25 kg con motor no es un lujo.
- Cambio de buje (tipo Shimano Nexus) frente a cambio de piñones. El de buje va cerrado, no se desajusta, no se ensucia y puedes cambiar de marcha parado en un semáforo. El de piñones tiene más desarrollos y es más barato de reparar.
- Equipamiento de serie: guardabarros, luces conectadas a la batería, portaequipajes y caballete. Si no vienen, súmale entre 80 y 150 € a la compra.
Resumiendo en una frase: si tu ciudad es plana y quieres gastar poco, una urbana con motor de buje y batería grande te da el mejor kilómetro por euro. Si hay cuestas, si vas a hacer trayectos largos o si simplemente no quieres tocar la bici nunca, el motor central y el cambio de buje justifican la diferencia de precio.